Hay historias que siempre tendrán un lugar en una familia
15 de octubre: Día de la Concienciación sobre la Pérdida Gestacional y Neonatal
Hay historias que comienzan mucho antes de que podamos verlas. Se construyen con ilusión, expectativas, conversaciones y pequeños planes para el futuro. Cuando ese camino se interrumpe, también cambia la manera de imaginar lo que vendrá después.
La pérdida gestacional y neonatal forma parte de una realidad que merece ser reconocida y acompañada con sensibilidad. Una experiencia que puede vivirse de muchas maneras, pero que a menudo deja preguntas, emociones difíciles de ordenar y la necesidad de encontrar un espacio donde poder expresarlas.
Con motivo del Día de la Concienciación sobre la Pérdida Gestacional y Neonatal, queremos detenernos en algo importante: cada familia tiene su propia historia y merece que lo vivido sea reconocido, sin comparaciones, sin juicios y sin expectativas sobre cómo debería sentirse.
Un duelo que no tiene una única forma
Ante una pérdida, no existe una respuesta emocional correcta. Puede aparecer tristeza, incredulidad, enfado, culpa, miedo o una sensación de vacío. También puede haber momentos de calma, dificultad para expresar lo que se siente o la necesidad de continuar con algunas rutinas mientras se intenta comprender lo ocurrido.
Las emociones pueden cambiar de un día a otro. Algunas personas necesitan hablar; otras prefieren el silencio. Hay quienes encuentran consuelo en recordar y quienes necesitan tiempo antes de poder hacerlo.
Ninguna de estas respuestas resta importancia a lo vivido.
El duelo no sigue un calendario ni responde a una secuencia ordenada de etapas. No es necesario sentirse mejor en un plazo determinado, demostrar fortaleza o encontrar inmediatamente un sentido a lo ocurrido. Darse tiempo, reconocer las propias emociones y respetar los límites personales también forma parte del cuidado.
Cuando cuesta encontrar las palabras
A veces, una de las partes más difíciles de una pérdida es no saber cómo hablar de ella. Puede resultar complicado compartir lo ocurrido con el entorno, volver a ciertos lugares, responder preguntas o encontrarse con situaciones que recuerdan lo que se había imaginado.
En esos momentos, conviene recordar que no es necesario explicarlo todo ni estar disponible para todas las conversaciones. Se puede pedir espacio, decidir con quién compartir la experiencia y establecer límites ante comentarios que resulten dolorosos, aunque se hagan con buena intención.
También puede ayudar identificar a una persona de confianza con quien hablar sin sentirse juzgado, escribir lo que cuesta expresar en voz alta o encontrar un pequeño gesto personal para recordar lo vivido, si eso resulta reconfortante.
No hay una manera mejor que otra de hacerlo. Lo importante es que cada persona pueda encontrar aquello que le aporte un poco de sostén, de paz, de alivio, sin convertirlo en una obligación.
Cuidar la salud emocional también es importante
Después de una pérdida, la atención suele centrarse en la recuperación física y en las cuestiones médicas inmediatas. Sin embargo, el bienestar emocional merece también tiempo y atención.
Descansar cuando sea posible, aceptar ayuda con las tareas cotidianas, mantener cerca a personas que respeten los propios tiempos y no exigirse recuperar la normalidad de inmediato, pueden aliviar parte de la carga.
En ocasiones, el malestar o tristeza pueden hacerse especialmente intensos o mantenerse hasta dificultar el descanso, las relaciones, el trabajo o las actividades cotidianas. La ansiedad persistente, la culpa que resulta difícil manejar, la sensación de aislamiento o la imposibilidad de encontrar alivio son motivos suficientes para pedir ayuda profesional.
No es necesario esperar a encontrarse al límite. Un profesional de la psicología con experiencia en duelo perinatal puede ofrecer un espacio seguro para comprender las emociones, desarrollar recursos para afrontarlas y acompañar el proceso respetando las necesidades de cada persona.
Pedir ayuda no significa que no se esté afrontando bien la pérdida. Significa que no es necesario hacerlo sin apoyo.
La pérdida también se vive en pareja y en familia
Cuando la pérdida se comparte, cada persona puede vivirla de una manera diferente. En una pareja, por ejemplo, es posible que uno necesite hablar mientras el otro busque distraerse, que las emociones aparezcan en momentos distintos o que resulte difícil comprender la forma en que el otro está afrontando lo ocurrido.
Estas diferencias no significan necesariamente que alguien sienta menos. A veces, cada persona está intentando encontrar su propia manera de adaptarse a una realidad que no esperaba, y también es lícito.
Hablar sin exigir respuestas, preguntar qué necesita el otro y aceptar que no siempre se puede aliviar su dolor, puede ayudar a cuidar el vínculo. También es importante reconocer que las parejas, los padres y otros familiares pueden necesitar su propio espacio de apoyo emocional.
Es importante entender que acompañar no consiste en encontrar las palabras perfectas ni en conseguir que el otro se sienta mejor cuanto antes. A menudo, consiste en escuchar, respetar y permanecer cerca sin imponer una forma de vivir el duelo.
No hay que olvidar la importancia de acompañar bien
El entorno también desempeña un papel importante. Ante una pérdida, es frecuente querer ayudar y no saber qué decir. En ocasiones, con la intención de aliviar el dolor, aparecen frases como «ya habrá otra oportunidad», «mejor no pensar en ello» o «tienes que ser fuerte».
Aunque nazcan del cariño, pueden hacer que la persona sienta que su experiencia está siendo minimizada o que debe dejar de hablar de ella.
Escuchar sin intentar encontrar una solución, reconocer lo ocurrido y ofrecer ayuda concreta suele ser más útil que buscar una explicación. Preguntar «¿te apetece hablar de ello?» o «¿hay algo que pueda hacer por ti hoy?» permite que la persona decida qué necesita.
Y si no sabemos qué decir, podemos reconocerlo con sencillez. No hace falta tener todas las respuestas para acompañar con respeto y cariño.
Cada historia merece su lugar
La pérdida gestacional y neonatal no tiene por qué quedar reducida a una fecha, a un informe médico o a una experiencia de la que apenas se habla. Para muchas familias, forma parte de su historia y de su manera de recordar, incluso cuando el tiempo ha pasado y la vida ha seguido adelante.
Recordar no impide avanzar. Sentir alegría en otro momento no borra lo vivido. Y que el dolor cambie con el tiempo no significa que aquello haya dejado de importar.
Cada familia encontrará su propia manera de integrar la experiencia. Algunas necesitarán hablar de ella; otras preferirán conservarla en la intimidad. Todas merecen respeto.
Desde iFertility, queremos contribuir a que estas pérdidas tengan un espacio de reconocimiento y a que las familias encuentren información, comprensión y acompañamiento cuando lo necesiten.
Porque hay historias que siempre tendrán un lugar en una familia. Y reconocerlas, escucharlas y respetar lo que significan también es una forma de cuidar.
Compartirlo con un profesional que nos ayude a orientar el duelo de forma personalizada, siempre será una opción favorable, que permitirá abordar la situación de forma acompañada y con herramientas que podrán ayudarnos y proporcionarnos calma en momentos de dificultad.
La ausencia de plazos emocionales y la importancia de solicitar apoyo cuando el sufrimiento afecta a la vida cotidiana son coherentes y necesarias y desde nuestro equipo recomendamos contemplar esta opción en cualquier momento del duelo.